



El camino al puesto fue una aventura en sí misma. Entre risas y bromas, íbamos eligiendo canciones en el auto, como si estuviéramos armando la banda sonora del momento. El cielo comenzaba a teñirse de esos colores rosados y dorados que solo trae un buen atardecer, y sentí que ese instante lo tenía todo.
Al llegar, el aroma de los perros calientes recién hechos nos dio la bienvenida. Pedimos de todo: con queso, tocineta, papitas y las salsas más deliciosas que uno se pueda imaginar. Para la pizza, escogimos una mitad de peperoni y la otra con un extra de queso. Mientras comíamos, no parábamos de conversar. Desde recuerdos graciosos hasta los planes que tenemos juntos, cada tema era un pretexto para compartir más.
Hubo un momento en el que simplemente los observé a todos, disfrutando. Las sonrisas, las miradas cómplices, los comentarios llenos de cariño... Me di cuenta de lo afortunada que soy al tenerlos a mi lado. Esos pequeños detalles que a veces damos por sentado realmente son los que llenan el alma.
The drive to the stand was an adventure in itself. Amid laughter and jokes, we were choosing songs in the car, as if we were putting together the soundtrack for the moment. The sky was beginning to turn those pink and gold hues that only a good sunset brings, and I felt like that moment had it all.
When we arrived, the aroma of freshly made hot dogs welcomed us. We ordered everything: with cheese, bacon, chips, and the most delicious sauces imaginable. For the pizza, we chose one half with pepperoni and the other with extra cheese. While we ate, we chatted away. From funny memories to plans we have together, every topic was an excuse to share more.
There was a moment when I simply watched them all, enjoying it. The smiles, the knowing glances, the loving comments... I realized how lucky I am to have them by my side. Those little details we sometimes take for granted are what truly fill the soul.
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